
Negué la firma que me pidieron en la escuela de mi hija para permitir la publicación de sus fotos en redes sociales. Por el presente medio, quiero explicar por qué negar mi firma no fue un acto de hippismo personal, sino un gesto político basado en mi compromiso con la educación pública de calidad.
Es necesario llamar la atención en menos de un segundo para tener éxito en redes sociales. De ahí que, quienes quieran proponer ideas educativas por esa vía, tienen que elegir estrategias que impresionan a primera vista: juegos rimbombantes, disfraces vistosos, coreografías espectaculares: todo siempre nuevo, de colores chillones, rápido.
En cambio, ¿qué es la educación? Lo más importante de los procesos educativos no cabe en ningún video corto. Quienes hemos trabajado educando, lo sabemos bien: Es el trabajo diario, trabajo de hormiga, basado en la paciencia, perseverancia, el cariño, la relación humana. Un trabajo silencioso que no es pa’ la foto, ya que se vería aburrido, no obtendría muchos likes en ninguna red social.
Para poder crear el cuadro hermoso que saca likes, primero hay que pintar muchos otros cuadros, hay que ensayar, experimentar, equivocarse. Actividades indispensables para todo proceso de aprendizaje, pero que no lucen, por ello que se van dejando de lado, que no se escucha a lo/as estudiantes, y no se deja espacio para la creatividad. Decirles qué pintar y cómo, preferir que copien dibujos desde la pantalla del computador en vez de intentar dibujar ello/as mismo/as, da más garantías de un resultado fotogénico…. ¡Qué dirían de los profes si se fotografía un error!
La educación pa’ la foto, no tiene tiempo para un proceso largo y tranquilo, prefiere los eventos: licenciaturas desde el jardín infantil; acto del aniversario del colegio; desfile de disfraces hechos por las madres y abuelas que compiten por la mejor foto. Para varias de estas actividades, se “pierde” un día entero de clases para preparar la escenografía, se “gastan” las gomas eva y cartulinas de color que faltan después para hacer actividades con los niñas y niños. Digo “pierden” y “gastan”, porque son los conceptos que se usan cuando se propone ir un día al cerro o al teatro, o hacer creaciones libres con la goma eva durante el recreo…
¿Por qué entonces se promociona una educación que fomenta que a cada rato se estén sacando fotos y videos en las salas de clases? ¿Por qué los establecimientos educacionales se dedican a generar “contenidos” para sus páginas de facebook, instagram y páginas web? ¿Por qué la política de la “evidencia” pide que las y los profes, en vez de concentrarnos en nuestro trabajo, andemos con el celular en la mano para no perdernos la mejor foto de la clase? Y, sobre todo: ¿por qué nos parece gustar tanto todo esto?
¿Será verdad que las fotos son importantes para encantar con la educación a la parte de la población que está supuestamente alejada de ella? ¿Será que los actos con ropa elegante, los diplomas, las fotos de todo tipo, fomentan el compromiso con la educación?
No lo sé. Pero estoy segura que el Ministerio de Educación, los Servicios Locales de Educación, los Departamentos y Corporaciones Municipales y demás “administradores” de la educación, en vez de exigirnos más fotos para “vender” nuestro trabajo y competir entre colegios, deberían poner el foco en garantizar que como docentes tuviéramos instancias de formación contínua, obligatoria, donde cuestionar profundamente qué significa educar, con qué fin lo hacemos, quiénes somos, qué nos gusta, y, en definitiva, para qué educamos.
Negar mi firma no fue un acto personal para proteger la imágen de mi hija, fue un gesto de protesta en contra de la educación pa’ la foto, un llamado desesperado a educar con tiempo, tranquilidad y amor, y de valorar el trabajo docente
Corina Schaub, profesora de filosofía con niñas y niños y titiritera